domingo, 24 de diciembre de 2017

Deshielo




"Deshielo" MartaCerulla.

Elia era una mujer que rondaba los 40 años. Vivía sola, con su gato, no tenía pareja y amaba el sexo. Tenía un trabajo estable, bien pagado que se correspondía con su vocación: la de acompañar a otras personas a encontrarse a sí mismas y salir del atolladero de la confusión, la duda y la desesperación.

Aparentemente, Elia tenía todo lo que deseaba, pero un vacío la acompañaba desde su más temprana adolescencia. Era un vacío oceánico, como un agujero negro que tragaba todo lo que encontraba a su alrededor: amor, atención, comida, sexo, substancias, tecnologia....cualquier cosa o situación que le pareciera estimulante y le permitiera contactar, aparentemente, con la vida, con la idea de que era real y no fruto del sueño de otro.

Pero Elia no sabía que este vacío aumentaba proporcionalmente a su intento de saciarlo. Era adicta a la intensidad, incapaz de saborear la calma, la paz y el sosiego. Desde ese lugar, se desviava de su centro, se desdoblaba y se escindía, perdía todo contacto con su Ser Esencial. Sin saberlo, vivía en una cárcel, en una especie de samsara donde repetía y repetía los mismos patrones, los mismos actos una y otra vez como una autómata. Se sentía arrollada por un impulso ciego de ir hacia adelante, como un acto de escapar de ella misma. Una contradicción al fin y al cabo, porque ese motor, escondía un anhelo profundo de conocimiento, de búsqueda y de certeza de saber quién era realmente. Esa desazón crecía en su pecho año tras año, ocupando cada vez más espacio.

Abocado en su balcón, con vistas al mundo, su “yo” miraba la vida buscando una nueva presa, alguien a quien parasitarse, cualquiera que pudiera calmar, aún por un instante, todo el dolor que la habitaba. Iniciaba relaciones amorosas que vivía con grandes expectativas, “¿será éste el que me libere de mi sufrimiento?” “¿encontraré en él esa paz que tanto anhelo?”, “¿me dará todo el amor que necesito?” y así, Elia iba de relación en relación, cargando sueños frustrados, anhelos no resueltos y acumulando fracasos amorosos. Cada vez se sentía más lejos de encontrar aquello que ella creía que estaba buscando. Se sentía perdida, triste y su energía vital emitía una luz débil y enferma.

Era capaz de aventurarse hacia cualquier objetivo externo antes que mirar hacia adentro y acoger en sus brazos aquel dolor que le gritaba desde las entrañas “no busques afuera, pasa, entra en ti, es a ti a quien buscas, a nadie más que a ti”. Pero esa voz era ya apenas imperceptible.

Con el tiempo esa desazón que había colonizado su pecho, empezó a volverlo duro, negro y opaco. Empezó a extenderse como una gran mancha de petróleo tan negruzca que ya no dejaba entrar la luz ni la desprendía hacía afuera. Sus ojos se apagaron y su piel empezó a tornarse de un color gris ceniza. Con el tiempo, esa mancha, continuó expandiéndose y se instaló en su cuello y espalda, dando lugar a una rigidez que le quitaba libertad de movimiento y le castraba su capacidad de sentir. Poco a poco, Elia había dejado de disfrutar de la vida, todo se había vuelto un sinsentido, era un fantasma errante que se arrastraba por el mundo con pieles viejas y desgastadas.

De la misma forma, había dejado de disfrutar del sexo también, un sexo que tiempo atrás le había dado tantas satisfacciones. ya no sentía el placer en sus genitales, ni su cuerpo erotizado, ni la piel erizada.... Necesitaba gritar y recibir dolor físico para poder sentirse conectada con su cuerpo y con la vida. Vivía el amor y el sexo desde la complacencia al otro, dándole lo que ella creía que necesitaba, pensando que, dando sin medida, podría recibir la parte de amor que sentía que le faltaba y que le haría sentir completa. Se olvidó así, de poner atención en su propia necesidad, alejándose de su propia sexualidad, sensualidad y ternura.

Poco a poco su fuerza femenina se fue debilitando nadando a menudo en la angustia de sentirse perdida con su idea de lo que era ser Mujer. Rechazaba con vehemencia los modelos de mujer tradicional que había bebido de su educación, pero era incapaz de contruir uno propio sin caer en idealizaciones fantasiosas que le hacían confundirse aún más. Amaba figuras arquetípicas como las mujeres guerreras, las amazonas, escritoras y pintoras como Frida Kahlo, Anaïs Nin, Simone de Behaviour, Pizarnik, Leonora Carrigton... todas ellas mujeres fuertes, feministas, que habían reivindicado su derecho a hacerse un nombre como artistas, rechazando el lugar que su época había reservado para su género y compartiendo un ámbito colonizado por hombres. En contrapartida, rechazaba su propia ternura y vulnerabilidad considerándola signo de debilidad y nunca mostraba su dependencia frente al hombre. Repudiaba a las mujeres “maternales” y cuidadoras de actitudes tiernas y cariñosas, tachándolas de sumisas y haciendo alarde de su aparente libertad e independencia. Vivía pues en un mundo polarizado, en el que idealizaba un modelo y rechazaba su antagónico, siendo incapaz de reconstruir los pedazos desechados y anhelados y abrazarlos en un todo. No era capaz de ver sus aristas y complejidades, la Elia libre, atrapada, cariñosa, distante, cuidadora, amorosa, desprendida, fuerte, curiosa, dependiente, frágil, valiente, insegura, miedosa, impetuosa, tímida, sensual....albergaba cada una de estas facetas, no era una única mujer, compacta en su forma, era un amalgama complejo, un crisol de tonalidades contradictorias que una vez acceptadas podrían otorgarle esa libertad que ella tanto anhelaba.

Su inconsciente, afanoso en la tarea de arrojarle un poco más de luz, le iba mostrando algunos de estos aspectos a través de sueños que ella reescribía al día siguiente intentando encontrar una pista escondida tras el simbolismo. Un día tuvo uno que le dejó perpleja: estaba en una sala-comedor, asistía a una especie de cena de mujeres. El ambiente era acogedor y una luz ténue impregnaba el ambiente dando calidez y recogimiento. Las mujeres estaban sentadas alrededor de una mesa preparada con diferentes manjares. Elia estaba de pie observando los platos dispuestos con mucho amor y cariño. Se fijó en uno de ellos, membrillo con queso fundido y le pareció muy apetecible. Se acercó a la mesa en busca de una copa de vino tinto y vió que se había terminado, así que optó por coger una botella de vino blanco que llevaba una etiqueta en la que se podía leer la palabra “saktia”.

Cuando Elia despertó del sueño se levantó rápidamente de la cama para poder apuntar y no olvidar la palabra “saktia” ya que su intuición le decía que ahí podría haber algún tipo de revelación. Llamó a su amigo M., experto en trabajo con sueños y fijó una cita con él para que le ayudara a desvelar qué mensaje traía consigo el sueño. El encuentro, le hizo descubrir precisamente esa polaridad inconsciente aún no resuelta, a la lucha entre estos dos tipos de mujer aparentemente contrapuestas: La mujer fuerte, de tierra, con cuerpo y densa (vino tinto) y la mujer dulce, afrutada, ligera, fresca y volátil (vino blanco). ¿Y qué significaba la palabra “saktia” entonces?: Circulo, la fuerza del clan femenino, el útero, el poder generador, la fuerza primigenia...todo encaja.

Aún y los pequeños atisbos de luz, Elia seguía viviendo en el oscurantismo y en la lucha consigo mísma. Una ve cuando está preparada para ver. Incapaz de aceptar sus sombras todavía, sus pulmones iban recubriéndose de tristeza con el paso de los días y los meses, trazando surcos de ríos de lágrimas que corrían desbocados desde adentro; buscando una salida al exterior, colapsando su pecho y atisbándole punzadas que se le clavaban como agujas. Elia sentía cómo su corazón iba volviéndose débil y que algo la consumía por dentro. Se sintió más perdida que nunca e incapaz de sentir el motor vital que orienta el deseo. Todo empezaba a teñirse de un halo mortecino.

Un día, de camino al trabajo, sintió una fuerte punzada en su pecho y después de un grito silenciado, empezaron a fluir lágrimas descontroladas. Era como si de repente se hubieran abierto las compuertas de un gran dique. Lloró casi hasta secarlo. Estuvo en casa durante cuatro días sin salir, dando espacio a su cuerpo que le hablaba, que le gritaba, cansado ya de susurrar aquello que Elia no quería escuchar: “El camino que estás buscando no es éste... El camino es a la inversa, el camino es de retorno, un retorno hacia adentro, un retorno a tu alma, tu casa, tu ser. ¿No ves que lo que anhelas buscar afuera sólo tu puedes dártelo?”. En ese preciso momento, Elia sintió el insight de la lucidez, el atisbo de la sabiduría que sucede tras una crisis y por primera vez, pudo escucharla. Ahora si podía hacerse cargo, acogerla y mirar de frente “su verdad”, una verdad que le ponia en la senda de un nuevo caminar, si ella quería y estaba dispuesta a mirar de frente los miedos que de ahora en adelante se iría encontrando. Pero eso ya, forma parte de otra historia.

















martes, 1 de agosto de 2017





Shakti. Significado: fuerza o potencia.  

Aceptar el "sin sentido" de la vida, me asegura no perderme en los derroteros de las explicaciones, en la incansable búsqueda de respuestas y certezas. La vida y sus misterios son a veces inteligibles. Si intento atrapar el "sin sentido" me desvío de mí.
"Todos tenemos nuestro Saktia*" (nuestro propio significado de las cosas)


*Saktia carece de signficado, es una palabra que me aparece en un sueño y articula mi afán de buscar el sentido, de cuadrar, todo lo que me acontece.

Barcelona, 10 de mayo del 2017


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foto de Marta Cerulla



Somos vacio, vacio estructural e inabastable, irrellenable, insaciable, de una immensidad oceánica....darse cuenta de ello produce vértigo y angustia. El reto está en ver ese espacio, ese todo, como motor que me empuja a contruirme desde mi particularidad. De ahi la búsqueda incansable de mi paraiso personal, de no quedarme atrapada en la tragedia humana de la insatisfacción permanente. Cada cual vive ese vacio a su manera, integrándolo a su vida como càrcel y repetición o como trampolin para sumergirse en las aguas de la vida como posibilidad potencial, como generador creativo y fértil.

Barcelona, 20 de junio del 2017.

Héctor y Andrómaca, de Chirico.

  
La vida nos pone delante gente diversa que se cruza en tu camino, a veces por 
un instante, otras por más tiempo. No me canso de maravillarme de esto...almas solitarias que se encuentran para compartir un pedazo de existencia. Damos con amor un pedazo de nuestra obra a un " desconocido" que no siento como tal. Tras una cara nueva, se esconde un alma conocida. La vida la entiendo como un incesante encuentro- desencuentro de almas que me recuerdan y me empujan a reafirmar la intuición de un plan que me trasciende. Por si me había olvidado de ello.

Villaviciosa (asturias), 26 de Julio del 2017.

martes, 18 de abril de 2017


La danza de los continentes de Guillermo Maqueda.



Un momento en el metro...

Y ahí, entre el bullicio y el movimiento de la gente con paso programado y automático, se imponían los acordes de una guitarra, flotando entre los túneles del metro..Mi paso danzaba con los sonidos melancólicos sintiéndome levitar pausadamente, entre la rigidez y la prisa de la oscuridad de las almas.



Abrirme a la experiencia abandonando toda resistencia.

Respirar, respirarme en este momento y acogerlo con todo lo que conlleva.

Recibir el dolor/sombra y el placer/luz que todo acontecimiento guarda.

Todo lo que acontece es bueno para mi, para mi crecimiento y sanación.

Acompañarme, cuidarme, sostenerme, calmarme....sea lo que sea que me pase.

Lo que veo es lo que estoy preparada para ver y afrontar.

Confiar en la naturaleza y en la sabiduria milenaria de los chamanes, confiar en mi y en el momento.

En definitiva: Abrirme, respirar, recibir, acompañarme y confiar.

 



Momentos de un proceso.

foto de josep Guiolà


"(...) Pero para llegar a esto que estoy contando, he tenido que hacer primero de todo un retorno a mi mísma, un viaje al interior, una vuelta a casa. Para ello, he desandado la parte proporcional a lo que me había alejado de mí y empezar a construir de nuevo, ahora desde otro lugar, más conectada.(...)"



" (...) Darme cuenta de que estar en “casa” significa que todo lo que me conforma como “persona” no me sirve ya, es obsoleto. Verlo, me ha llevado de cabeza a una crisis donde todo se desmorona y me siento como estar en una especie de desierto, árido y hostil, donde no puedo sostenerme sin ayuda de mis viejas muletas. Me quedo sin apenas recursos y descubro mi falta de autoapoyo. Quien soy entonces realmente? Ahí toco vacío y angustia. Ese vacío, entonces se convierte en un vacío fértil donde puedo llegar a ser quien quiero ser. Llegados aquí, parece muy fácil no? Ah! Vale! Enigma resuelto....pues no, es una vuelta a la espiral, se abren nuevos miedos, angustias y confusiones. Y veo, que esto es sólo el principio.(...)"


 
"(...)Estaba triste y he estado en la tristeza, por eso no se qué me pasa exactamente, tenía la sensación de estar con lo que hay. Quizás es que algo se ha abierto, algo que va más allá de los acontecimientos recientes, es como si se hubiera sacado algo que obstruía, que no tenía que estar ahí. He hecho un dibujo automático que finalmente ha venido a ser un corazón al que le extraen algo que estaba clavado, como una especie de trozo de hielo...es como si el corazón se estuviera descongelando, fundiéndose....Me parece todo muy simbólico, casi mágico y también muy real.(...)"


 
"(...)Poco a poco voy viendo que ese miedo es el miedo de la niña herida que se destapa cuando no es atendida, cuando no me coloco en la adulta, cuando se dispara, cuando la dejo sola. He podido comprobar que cuando la acompaño y le doy seguridad, ese miedo se rebaja. Aunque reconozco que pocas veces puedo colocarme ahí de momento, es un proceso, un entrenamiento. Pero ya he visitado ese lugar, ya lo conozco.(...)"

 
" (...) Hoy es Martes 14 y puedo decir que “Peter Pan ha muerto”. Después de hablar sobre ello, decidí volver a ver la película y observar qué se movía después de tanto tiempo, con qué me conectaba y si lo que veía de él estaba actualizado en el presente o era fruto más bien de una idealización infantil. De este personaje, me fascinaba su libertad, la idea de querer ser un niño siempre, de ser descarado, valiente, admirado por todos y de hacer lo que se le antojaba sin importarle la opinión de los demás y ninguneando a la autoridad. Después de volverla a ver, me di cuenta de que lo había idealizado de tal manera que mi óptica del personaje era sesgada. Ayer pude ver el otro lado. Sin entrar en analizar la visión totalmente machista y patriarcal de la película infantil (donde él es el macho alfa y todas las féminas que aparecen están escandiladas con él y hacen todo lo posible para captar su atención, desde Wendy y Campanilla pasando por la Sirenas y la Hija del Gran jefe Indio) vi a un Peter pan egocéntrico y narcisista, que busca en Wendy a una madre que le atienda y la tenga a su merced para cuando él la necesite, mientras se ocupa de mirarse el ombligo y hacer alarde de su pedantería. Le encanta ser el centro y que le adulen y cuando no consigue lo que quiere, monta un cirio, una pataleta infantil. Porque Peter Pan es sólo eso, un niño immaduro que no sabe hacerse cargo de él mísmo, que sólo busca atención pero que no es capaz de cuidar a nadie. Y ahí he descubierto parte de mi identificación con el personaje y un cierto anhelo de querer ser como él.

Su idea de independencia, libertad y autosuficiencia fictícia, esconde una necesidad de ser querido y atendido y una dependencia clara a Wendy. Sin los otros y otras, Peter Pan no es nada. Así que puedo decir que ha caído el mito, ya no admiro a Peter Pan, más bien siento compasión por él. Ahora se que quiero dejar de ser una niña y pasar a ser la adulta que se resposabiliza y que no busca salvadores. Ahora soy yo quien se hace cargo de mi niña.(...)"