Cuadernos

jueves, 22 de septiembre de 2011

Los invisibles.


(Inspirado en la película Rios de Hombres (el conflicto de la guerra del agua en Cochabamba año 2000)).


Cuando los invisibles se vuelven visibles, es tan sólo por unos instantes, a lo sumo unos días, mientras dura el fervor. Por esos momentos, los invisibles se creen que foman parte de algo, y el valor que eso les genera, les hace trapasar límites y fronteras, incluso arriesgar sus vidas. Qué importa, pues no valen nada. Lo que no se ve no existe, lo que no existe no tiene ni precio ni aprecio.Pero cuando todo llega a la normalidad, ese fervor iniciático que les hizo ser alguien, desaparece y todo vuelve a no ser excepcional, se acaba  la utopía y de ahí sus vidas vuelven a ser fantasmales, invisibles a los ojos de sus compañeros de sueños.

martes, 20 de septiembre de 2011

¿quién conoce a quién?

Me resulta curioso demostrarme una y otra vez que nunca las cosas son como parecen. Bueno ni las cosas ni las personas, ni las cosas que hacen las personas, ni las personas aún cuando se vuelven cosas. Este hecho nunca dejará de sorprenderme y no se si alguna vez lograré aprenderlo. Uno tiene una visión de cómo es una persona, lo que trasmite (seguridad/inseguridad, alegría/tristeza, proximidad/lejanía...) puede ser una cosa y  lo que verdaderamente es (lo que guarda, lo que medio esconde), su esencia, o parte de ella, quizás jamás la pudiste contemplar.

Cierto es entonces que sólo vemos la punta del Iceberg de lo que es una persona, de lo que piensa, de cómo se comporta...¿no es si más no significativo? entonces ¿porqué nos hacemos una idea fija, hierática, standard de una persona y la juzgamos a partir de esa parte sesgada, incompleta que vemos? ¿realmente es ella o es sólo una parte de ella, pero si no es completa no debe ser ella del todo no?...De la mísma manera ocurre en cómo nos ven los otros (amigos, conocidos, pareja...). Claro está que, cuando más tiempo pasan contigo, más grande es la punta del iceberg que pueden llegar a ver, aquella que está sumergida...pero tampoco pueden llegarte a conocer del todo...Para mí esto se vuelve complejo en el momento que alguien te da consejos o te dice "conociéndote..." porque se basan a partir de la idea que ellos tienen de tí, que por un lado está bañada de subjetividad y por otro, responde a cómo ellos te ven apartir de lo que ellos han visto de tí....Y ya si contar lo que tu dejas ver de cómo eres, que escondes, que tergiversas, que adornas...así, yo no se quien tiene el valor de dar un consejo, o el valor de creerse lo que el otro dice de uno mísmo o el maravilloso mundo de los espejos....

sábado, 17 de septiembre de 2011

Momentos de lo mísmo.



Oswaldo Guayasamin


Crecemos no siempre hacia arriba o hacia adelante. A veces, crecer significa dar un paso atrás, pero no como involución, si no para darse impulso y dirigir nuestros pasos hacia otra vereda.


Los instantes levitan hasta quedar suspendidos, anclados, cincelados en el cielo, como una postal que se resiste a perecer.

Diálogos con interlocutores fictícios, monólogo desdoblado de soledades múltiples encontradas: yo, con yo mísma, con la que soy, la que fui y la que tal vez seré. Tertulia a cinco bandas en la que nunca se acaban de poner de acuerdo.


No caminamos en linia recta hacia un destino visible, allá a lo lejos. Más caminamos girando y girando en nuestro propio Samsara. Quizás, aquél que sea capaz de poner un pie fuera de la rueda, pueda caminar un tramo derecho. 

Somos seres errantes, buscadores de "algo" que quien sabe si encontraremos alguna vez. La norma dice que no siempre encontramos lo que buscamos, quizás es porque lo que queremos encontrar no existe, es tan sólo un espejismo que nos permite caminar, seguir. Esto podría frustrarnos de algún modo, aunque si uno es capaz de asimilarlo puede llegar a maravillarse con cualquier cosa que se encuentra a su paso.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Un instante fugaz en la vida de cualquier desconocido.

"Cafés" de V. Van Gogh
Me gusta sentarme en los cafés de cualquier ciudad, siempre me ha gustado, me he perdido en ellos desde los 17 años. Café y cigarrillo en mano, en la más absoluta soledad, observo por unos instantes la vida de aquellas personas que, en ese mismo lapsus de tiempo, comparten tiempo y lugar conmigo. Un momento fugaz en la vida de cada uno que puede pasar desapercibido por absurdo e irrelevante, pero que a mí, no deja de fascinarme. 

Una soledad compartida a medias por la sensación de sentirse arropada por el gentío anónimo: sus risas, sus conversaciones, a veces animadas, a veces tristes, a veces susurrantes, otras bien escandalosas. Es el escenario de la vida que pasa frente a uno, en la más auténtica espontaneidad del que no es observado (o del que cree no serlo).

Nada más lejos de la realidad, allá en el fondo del salón, en una mesa apartada, unos ojos observan el devenir de la vida más auténtica. Me lo miro cual película, inventándome sus posibles vidas: la pareja de novios que discuten, quizás sea su último día, como yo,quizás ya no se vuelvan a ver jamás. Ella parece estar triste, él se crece frente a la aparente debilidad de ella. Todo un "gallito", seguro que aburrido, egocéntrico y demasiado centrado en su trabajo como para dedicarle la atención que ella se merece. Los amigos íntimos que acuden como de costumbre a su cita semanal, donde se relatan sus últimas aventuras o desventuras, más o menos infladas, inventadas, para demostrar al otro cuan interesante resulta su vida.Nunca hay que demostrar al otro la mierda que cada cual acarrea a sus espaldas. La parejita de ancianos que como todas las tardes, para no perder la costumbre, van a tomar café y hablan sobre lo que ven, pues ya se lo dijeron todo en cincuenta años. El cariño que se tienen aún se puede leer en sus ojos. El anciano la trata con ternura, le coge la mano con un atisbo de amor adolescente. Seguro que han sido felices en su larga vida. Él como caballero de antaño que es, le ayuda a ponerse la chaqueta y le sujeta su bolso pesado, seguro que lleno de pastillas para sus incontables dolencias. El personaje solitario, libro en mano, lee una novela fascinante, tanto lo es, que no he podido ver el color de sus ojos, más sí, sus entradas incipientes que seguro tanto le preocupan. Quizás sólo lea aparentemente y esté pensando en cualquier otra cosa, la cosa más banal del mundo, como que se preparará esa noche para cenar. Lee y lee el mismo renglón cientos de veces. Al final se decide por una pizza precocinada, como siempre.El grupo de estudiantes que ríen y ríen sin parar, sus risas me recuerdan a las gallinas de corral, cigarrillo en mano casi todas ellas y con sus mesas llenas de papeles. Una excusa para hacer ver que estudian y un motivo para contarse, con pelos y señales, lo que pasa en su facultad a lo que amoríos se refiere. Las observo con atención para detectar quien dirige el cotarro. Normalmente es la que más grita y la que más necesita ser el centro de atención. Monopoliza la conversación, mientras las demás, quizás no tan espléndidas, la miran con cierta envidia bien disimulada de amistad. Cuando ésta se va, seguro que la critican diciendo que mal le sienta ese nuevo corte de pelo. Una mamá con su mamá, carrito al lado, se cuentan la dureza de la vida, lo difícil que está compaginar el trabajo con el cuidado de los niños, los problemas de llegar a fin de mes y las vacaciones que harán en verano. Iran a un lugar de costa atestado de personas con sus mismos problemas y preocupaciones. La hija muestra ojeras y  cara de hastío, quizás fruto de una vida que no le convence, que no escogió, pero que ya es demasiado tarde para dar marcha atrás. Ella lo sabe y se encuentra atrapada en sus contradicciones. La mamá también es consciente, a ella le pasó lo mísmo, pero no queda más que resignarse hijita. El grupo de ejecutivos, todos bien ataviados, con sus corbatas y mocasines impecables, hablan de negocios, de nuevos proyectos y hacia el final, para darse un respiro, optan por la tríada infalible: política, mujeres y fútbol.

Yo sigo tomando mi café, a sorbos lentos, para hacerlo durar y justificar mi tiempo, mi larga permanencia en ese espacio que no quiero abandonar, mientras simulo escribir cualquier cosa en mi libreta. A veces me pregunto, cuanto acerté en mis especulaciones, si estas historias inventadas, distan o no de lo que observo a mi alrededor, pero eso nunca lo sabré. Es solo un juego, una especie de intromisión ficticia en la vida irreal de personas reales, pura especulación de estados vitales, que lejos de ser cierta o no, disparan la imaginación de cualquiera al que le maraville el desfile de lo cotidiano.

martes, 30 de agosto de 2011

Una idea en el desierto.






"Tipito en desierto" Mario Monje


A veces uno tiene la suerte de que las ideas lleguen a su mente a borbotones, sin dar tiempo casi a plasmarlas: se mueven inquietas y a duras penas uno intenta detenerlas, hacerlas presas, amarrarlas, ponerles una soga al cuello...para explorar así, donde llevan.

Otras, una imagen, un gesto, una palabra o algunas frases son suficientes para presenciar un desfile de gran número de ellas, articulando un todo que cobra sentido.

Me resulta fascinante la sensación de apertura al deslumbrar alguna de ellas, como cuando se abre un abismo a nuestros pies o como cuando la luz ilumina objetos que permanecieron en la penumbra. Todo un mundo nuevo parece perfilarse frente a nuestros ojos y nuestra mirada se dirige hacia nuevos mundos que hasta entonces habían permanecido bajo llave o cubiertos con un mantón polvoriento y roído.Ese momento resulta mágico y presa de una emoción casi infantil, abro puertas y me libero de mantos, los levanto poco a poco, mirando por la ranura qué hay debajo.

Otras veces, no hay que buscar, simplemente la idea te sacude, te sorprende ella a tí, aparece sin avisar y se instala en tu alma y te puebla la cabeza. Te conviertes en su prisionero. Se adentra en tu ser, recorriéndote las venas cual veneno. Aquí suele apoderarse de ti de manera sutil.Otras en cambio, actua como un fogonazo, te come los ojos, a la vez que quedas atrapado en una especie de estado hipnótico. Es entonces cuando quedas preso de su antojo y actuas cual fiel escriba, arrodillado frente a la maravilla que acontece. Tu voluntad cae rendida a sus especulaciones, sus dilemas y disertaciones, más no te queda otra que sorprenderte de los caminos insconcientes que ella te abre.

Aunque no siempre nuestra morada es grata para la caprichosa idea, a menudo ocurre que nos abandona sin más, dejando nuestra mente árida, despoblada, inerte como un gran desierto de tierra sin vida aparente. Uno puede plantarse frente al panorama desolador que acontece frente a nuestros ojos observando el horizonte, por si la suerte deja vislumbrar alguna que corre despistada, perdida o si somos pacientes e incansables, encontrar alguna que resta escondida. 

Quizás nuestras mentes sean estacionales y hayan épocas de sequía donde no crece ni un tierno brote al cual aferrarse o ya nuestros pies polvorientos caminan por sendas trilladas.

Lejos de abandonarnos a la suerte del tedio, será el momento de abrir nuevas sendas por donde acomodar nuestros pasos, buscar oasis en medio de la nada, voltearnos por donde nuestros ojos ya pasaron, quizás con una nueva mirada...Quien sabe si crecieron de nuevo o no las vimos al pasar por su lado.Quien sabe si no las encontramos adormecidas de tanto esperar a que alguien las encuentre. Un camino de búsqueda de nuevos hilos de los cuales tirar y embrollarse, entretejerse, emmarañarse o porque no, estrangularse. Todo ello resulta más grato que volver del desierto con las manos vacías y una gran desolación sobre nuestras espaldas.
 

sábado, 16 de julio de 2011

Te invento, te encuentro...eres más que recuerdo.


Te invento desde el recuerdo de lo viejo y lo nuevo.
Fotografias pegadas a mis sueños.

****
Te encuentro pegado a mi piel,
tras mis ojos y después de cada suspiro.

****

Y tu voz se abre, tras el eco de un recuerdo,
un murmuro que rompe el muro que levantamos a base de distancias.