Cuadernos

martes, 23 de noviembre de 2010

Sobre el Maestro ignorante de J. Rancière

Para elevarse intelectualmente y asegurar su posición, el maestro atontador de Jacotot-Rancière necesita disminuir al otro, establecer su ignorancia, definir el funcionamiento inferior de su inteligencia, también la autoelevación moral del fariseo y su correlato pedagógico, la formación, funcionan por rebajamiento.
                                                                                                                                 J. Larrosa




Cuando en educación se habla del proceso de enseñanza-aprendizaje, éste se establece generalmente a partir de una doble relación de desigualdad, del maestro frente al alumno o educando. Por un lado, en cuanto a que el maestro se le considera el transmisor de conocimientos y el alumno mero receptor, y por otro, en cuanto que no sólo debe el maestro trasmitir conocimientos, si no además, explicarlos, hacerlos comprensibles a ojos de quien no entende. Parece ser por consiguiente que, el alumno, no es capaz de destriar lo esencial de lo accesorio y elevarse así hacía el conocimiento, sin ayuda de intermediarios.La ayuda aquí, del que explica, se torna vital para sacar al alumno del oscurantismo de su ignorancia. Sin un maestro explicador, sin una enseñanza externa, no puede haber aprendizaje.

Esta frase que denota la importancia de la figura del maestro en la adquisición de conocimientos por parte del alumno y la necesidad de un otro para guiar al que se dice que no sabe, ha sido puesto en duda por Ranciere, a partir de una experiencia que en el siglo XIX, realizó Joseph Jacotot con un grupo de estudiantes. Entre otras cosas, Jacotot demostró a la Europa del conocimiento, que se puede aprender sin maestro explicador y que además, se puede enseñar lo que se ignora.

El punto de partida radica en que las cosas más importantes se aprenden sin la ayuda de un explicador, como por ejemplo el aprendizaje de la lengua materna. En este aprendizaje, el niño sólo dispone de su inteligencia para comprender el mundo que le rodea. Va a tientas, experimenta, se equivoca.... y es capaz, al fin, de decir las primeras palabras, sin la ayuda de nadie, sin instrucción alguna. Simplemente con el esfuerzo y la voluntad de querer reconocer la huella del hombre en cada una de las manifestaciones.

Si cogemos como ejemplo el aprendizaje de la lengua materna, el infante ha aprendido de manera autónoma a hablar porque tenía la voluntad de hacerlo, de comunicarse con su igual. La propia necesidad, el propio deseo o la dificultad del momento hacen posible el aprendizaje, pero no sólo de la lengua materna, si no también de cualquier cosa que deseemos conocer. La voluntad de aprender, es suficiente, sin necesidad de maestros, ni de métodos, sólo con la confianza en la capacidad de todo ser humano de poder utilizar la propia inteligencia, sin la necesidad de un intermediario que medie entre el libro y el que aprende, sin necesidad de mirar con ojos extraños.

Esta idea de voluntad ofrece un cambio de paradigma en la idea de hombre: " el hombre es una voluntad servida por una inteligencia". Esta voluntad no es otra cosa que el alma, mi alma, que a su vez forma parte de lo universal. Del mismo modo, la razón no es otra cosa que voluntad.

Voluntad para aprender, pero también atención. Atención para no distraerse de su rumbo, atención en la constancia. "La inteligencia es atención y búsqueda, antes de ser una combinación de ideas. La voluntad es potencia de movimiento, potencia de actuar según su propio movimiento, antes de ser instancia de elección"

Pero, precisamente, cuando el niño crece, el aprendizaje se vuelve externo y dependiente de un explicador para poder entender. Se crea una división de la inteligencia en dos, la inteligencia del que va a ciegas y prueba, y la del chico educado, que no necesita ir a tientas porque su maestro explicador, le guía en su camino. Pero todo y la paradoja, el chico educado, tampoco ve, por el velo de la ignorancia, que sabiamente supo colocar el maestro para hacer creer al alumno que lo necesita.

Esta división de la inteligencia en dos, una de superior y una de inferior. Esta subordinación de inteligencias se conoce como principio de atontamiento. En un intento, incluso a veces de buena voluntad de guiar, de explicar, de reducir la distancia del que no sabe respecto al que sabe, se produce precisamente el efecto adverso. La igualdad no puede alcanzarse desde una situación de desigualdad. La igualdad es un punto de partida, no una meta.

Lo contrario al atontamiento, es la emancipación. La emancipación se consigue cuando usamos la propia inteligencia y aprendiendo por nosotros mísmos relacionamos lo aprendido con un todo y con el resto. La acción de buscar, comparar, reflexionar, rectificar, analizar, transformarse en definitiva, son acciones que emancipan y nos acercan a la inteligencia Universal, que está en todos nosotros por el mero hecho de ser hombres. La diferencia entre los hombres no radica en su capacidad intelectual, si no precisamente en "el grado de energía que la voluntad comunica a la inteligencia para descubrir y combinar relaciones nuevas". Por lo tanto, todo el mundo tiene las mismas capacidades para aprender porque todo el mundo conoce algo apartir de lo cual relacionar el resto.

Este es el hombre del progreso, aquél que compruebaa su saber, que avanza, que prueba, arriesgándo lo que sabe y lanzándose a la aventura de conocer y enseñar lo que no sabe.

El error de muchos sabios, explicadores, filósofos, maestros....es confundir opinión con verdad y desvalorar la inteligencia de los que ellos denominan ignorantes, adoptando medidas paternalistas, que explican o ayudan a entender lo que los pobres no alcanzan a comprender, dando por sentado que lo que enseñan es lo más valioso. La verdad existe en sí misma, cuando se intenta decir deja de serlo, la verdad no depende del hombre, ni de sus palabras. La veracidad por lo contra, ayuda a la emancipación del ser, forma su opinión y se acerca a la verdad sin serlo.

El lenguaje fracciona, parcela y es arbitrario, la verdad no se dice, es. Sólo podemos expresar la veracidad através del lenguaje arbitrario. Cuando hablamos con otra persona el pensamiento se vuelve lenguaje que nuestro interlocutor atrapará e intentará adivinar haciédoselo suyo, y el lenguaje volverá a ser pensamiento, pero no idéntico al que lo anunciaba, se desplegará en nuevos pensamientos, en nuevos lenguajes y así incesantemente, craando nuevos relatos de lo dicho.

Este proceso convierte al hombre en poeta, que narra las aventuras de su espíritu en su búsqueda incesante de su verdad, que nunca podrá decir aunque la sienta. Y es gracias al lenguaje, gracias a lo que dice que improvisa, crea, compara...conviertiendo el acto de comunicación en una labor artesanal, en un hecho.

Sólo los individuos son reales. El género, la sociedad, la especie son una ficción, que deviene sinrazón en el momento que el hombre somete su voluntad a cada una de ellas. De ahí que se produzca una alienación de la razón, en pro de una pretendida razón externa al propio hombre, que las instituciones y maestros explicadores perpetuan y solidifican en nuestras consciencias, acusando el atontamiento de cada uno de nosotros, perdiendo la oportunidad de crear y desarrollar nuevas voluntades que escapan a la establecida.

El hombre y el ciudadano no son la misma cosa. El hombre razonable es el único que conoce el círculo de la desigualdad, aunque él mísmo se encuentra atrapado en él como ciudadano que es y como miembro de la sociedad. La igualdad sólo es entre hombres, no entre ciudadanos, los cuales estan condenados a vivir en un mundo alienado y desigual por el sometimiento recíproco entre hombres. El hombre razonable que vive en la sinrazón de la sociedad , debe ser capaz de proteger su razón bajo el techo de la sinrazón y esperar a que se produzca el reconocimiento igualitario de las voluntades entre individuos y de entender lo que cada individuo quiere hacer comprender al otro. Ese es el punto de partida para poder sobrevivir a la locura de nuestra sociedad y a la locura de la sinrazón.

La enseñanza Universal es el método de los pobres, un método natural que respeta el desarrollo individual de cada uno, pero sobretodo, ayuda a pensar por uno mísmo afrontando las dificultades y aceptando que no hay una única manera de aprender. Para aprender no es necesario las explicaciones, ni incluso aquellas perfeccionadas con el tiempo, que los mísmos educadores ofrecen de manera ingenua, para ayudar al pobre que no sabe. No se puede pretender sacar al hombre del atontamiento mejorando las explicaciones, las técnicas, haciendo más informes, comisiones, programas... para que entienda antes y mejor. Esto crea una sociedad infantilizada, bastaría con aprender a ser hombres iguales en una sociedad desigual.

Una experiencia educativa

Antes de empezar.....

Mis pensamientos, mis ideas, mis maneras de hacer, mis miradas, mis premisas, mis valores son ahora como una gran explanada de polvo y humo, con un destello brillante de aquello que todavía está ahí. En un principio podría considerarse este hecho como una gran catástrofe: todo aquello que pensaba, que era mi guía, que conformaba mi manera de ser, han caído, se han tambaleado y han sido destruidos. Este hecho ha sido para mí como una caricia suave que te empuja ligeramente para que mires hacia otro lado. Ahora esbozo una sonrisa cuando veo que toda esa montaña de escombros era un decorado, falso, que nada tenía que ver conmigo, que puedo volver a construir, ahora ya des de mí, des de lo que pienso, lo que siento, lo que veo y lo que ahora soy. Y lo más gracioso de todo era que sabía que podía mirar de otro modo y que a veces he mirado de otro modo. De ahí la luz que diviso a través del humo de estos escombros, que son ahora lo que creía que sabía.

Intentaré a continuación plasmar una serie de pensamientos, ideas, reflexiones que me han ido surgiendo a lo largo de la experiencia que me ha comportado acercarme a los diversos autores y su manera de ponerse ante el mundo. Sé que cuando intentamos explicar una experiencia, el mismo hecho de explicar deja por el camino matices y peculiaridades que no pueden ser expresadas porque han de ser sentidas, tienen que ser vividas. La experiencia te hace encontrar tesoros que cuando los explicas se convierten en quincalla, porque la experiencia se vive, se padece, no se puede explicar.

¡Que sordo y limitado he sido!. Cuando alguien lee un texto cuyo sentido quiere descifrar, no desdeña ni los signos ni las letras, ni los considera una ilusión, un producto del azar o una envoltura sin valor,si no más bien los lee, los estudia y los ama, signo por signo y letra por letra. Pero yo, que deseaba leer el libro del mundo y el libro de mi propio ser, desprecié sus signos y sus letras, en función de un sentido que les había atribuido de antemano
. Siddharta (pág.61)

Me reconozco como alguien que busca, pero lo más gracioso de todo, es que a mis treinta y un años, todavía no sé lo que busco, porque no se qué anhelo. Este sentimiento de búsqueda incesante de algo que no se sabe muy bien lo que es, quizás no desaparezca nunca y me acompañe a lo largo de todo el camino.

Esta incertidumbre me era, des de hace muy poco, una angustia, que podríamos denominar existencial. Arrastrada por esta idea, mi vida se precipitaba sobre mí, o yo sobre ella, como un pozo vacío y húmedo, triste y silencioso. Tengo que saber que busco y encontrarlo o seré una desgraciada. Me repetía una y otra vez. Todos encuentran, yo todavía busco, ¿hasta cuando?.

Ese día llegó, pero llegó sin ruido, sin celebraciones, con la calma de las cosas que se nos muestran evidentes y se instalan rápido en nosotros, como si siempre hubieran estado allí. Los libros, las lecturas, el amigo, la amiga, el desconocido, el profesor, el no profesor, el niño, la madre, ...todos y cada uno de ellos me habían acercado, sin darme cuenta a aquello que buscaba: Yo misma.

Hay un cambio de rumbo, ya no es una búsqueda de algo que no se encuentra en mí, si no de algo que está en mí y que encuentro en cada viaje que me conecta con lo de afuera. Es una búsqueda del verdadero Yo, un Yo despojado de reglas, de normas impuestas, de valores que no son nuestros, de lo que nos dicen lo que está bien y lo que está mal, un Yo desprovisto de todo lo que nos conforma de manera artificial,de todo aquello que no hemos elegido ser, de todo aquello que hemos acabado aceptando por sumisión, por inconsciencia, por cansancio, por imposición, que no identifico como propio.

De alguna manera, el exterior, lo que está afuera, me permite que me pasen cosas que me acercan a mi Yo a través de ellas. Ellas simplemente son, se dan, se imponen, independientemente a mi voluntad me tocan, me trastocan, me desmontan, me transforman, me deforman.

Pero algo que se presenta tan evidente no se muestra sin un esfuerzo, sin el esfuerzo de salir de uno mismo y de realizar este viaje fuera de uno hacia lo otro y volver con las manos llenas, ahora ya de un nuevo otro, un nuevo exterior que ya no es tal, si no que ha sido transformado en uno mismo y con uno mismo.

Yo soy todo lo que me pasa, y lo que me pasa me pasa porque estoy expuesta, esto es lo que va formando mi carácter, todas aquellas cosas que padezco, que vivo, que se imponen. Salgo a buscarlas para traerlas y confrontarlas con lo que creo que soy. Me busco a mí, busco mi yo, si es que lo puedo encontrar entre los escombros de mis pensamientos, a partir de lo que leo, lo que veo, lo que me cuentan, lo que escucho en este mundo, de los otros, de tu y de él, de todos. 
 
De un tiempo a esta parte, disfruto de la búsqueda, o mejor aún, disfruto de todo aquello que encuentro, pero que no buscaba, y que postrado frente a mis ojos, he podido recoger, acariciar, mirar, saborear... atentamente. Pienso que esta actitud de estar atenta, y no absorta en aquello con lo que no puedo dar o encontrar, todo y mi empeño, me proporciona no sólo el estar aquí y ahora, si no también, el no perderme aquellas cosas que descansan en los márgenes de este nuestro camino, a menudo polvoriento.

Para Walter Benjamin, caminar, nos libera la mirada, nos abre los ojos y la desplaza hacia otras evidencias, que no son una verdad escondida tras lo que vemos, si no que precisamente es lo que vemos, una vez alcanzamos esta atención sobre lo que nos pasa. Esta atención pues se convierte en una especie de fuerza que nos empuja para salir de donde nos encontramos.

Des de que entré en mi juventud, recuerdo esa sensación de vacío que llenaba todo mi ser, esa sensación de nostalgia, de falta de, de ser incompleto... que atormentaba mis pensamientos y me dejaba absorta. Supongo que ese sentimiento de falta, de ser incompleto me ha llevado a estar de un sitio para otro, de deambular por la vida, sin saber muy bien hacía donde seguía mi camino, si es que hay alguno.

Mi inclinación a probar, cambiar y ver nuevos campos de la Educación Social, mi espacio de acción, de trabajo, de experiencia, quizás haya contribuido a sentirme más desorientada si cabe. A menudo he sentido esa sensación de no pertenecer a nada, de no encajar, de no entender porqué se hacen determinadas cosas en este ámbito, de desconcierto frente a determinadas acciones de mis colegas de profesión o de las instituciones (públicas o privadas) para las que he trabajado. Por eso, cada cierto tiempo tengo la necesidad de “viajar”, de moverme, ver otros paisajes, otras caras, otras maneras de ser, de vivir... Muchos no han entendido esta opción errante, sobretodo si eso significaba tener que renunciar a un buen trabajo con buenas condiciones económicas.

Tengo la sensación que mis decisiones a lo largo de mi experiencia laboral como “educadora” han dado una imagen de mi, en el subconsciente del otro, como una persona “descontenta”, “insatisfecha”, “inmadura “, “indecisa”, “que no sabe lo que quiere...” . Pero ahora, todo y no saber que será de mí en unos años, disfruto sobretodo exponiéndome a nuevas situaciones, para ver cómo me desenvuelvo, cómo me transformo, en cada una de mis etapas profesionales y vitales.

La tranquilidad sobreviene cuando se ha producido un cambio en mi concepción de este proceso, que ahora intento interpretarlo como un aprendizaje permanente pero no orientado necesariamente hacia ningún sitio. Es como perderse por las callejuelas de una nueva ciudad, que resulta desconocida y excitante a la vez, sin llevar ningún tipo de mapa que me oriente o cuarte mis pasos, porque sé, que, encuentre lo que encuentre, lo verdaderamente importante, no habrá sido aquello que quería ver de antemano, cuando planeaba el viaje, si no lo que encontré y que no estaba escrito en ninguna guía (una conversación con un anciano, los grupos de niños corriendo de un lado a otro, una puesta de sol después de una larga caminata, un café observando el bullicio de una plaza....) Eso es lo esencial, o al menos eso es lo que voy aprendiendo tras mis pasos.


Muchos años hube de emplear en disipar mi espíritu, desaprender lo pensado y olvidar la Unidad. ¿no es un poco como si, lentamente y a través de grandes rodeos, me hubiera convertido de hombe en niño, o de pensador en hombre niño?No obstante, ha sido un camino excelente, y el pájaro que moraba en mi pecho no llegó a morirse.
Siddhartha

Entre algunos de mis descubrimientos recientes, que se produjo por azar, fue sumergirme en el mundo de la infancia. Mis prejuicios sobre esos seres pequeños, insignificantes, que nada me podían aportar, más que frustraciones, dolores de cabeza y algún que otro grito, se han ido desvaneciendo a medida que he dejado que estos seres se apoderen de mi, débilmente, poco a poco, como una brisa que apenas sientes, pero que va penetrando lentamente, envolviéndote toda, hasta ponerte la piel de gallina.

No quiero pensar, ya pensamos mucho en el cole-
Leer es un rollo, yo solo leo en el cole y por que me obligan.
Sólo quiero jugar, venimos aquí a jugar, no a pensar....
No quiero decidir las cosas en una asamblea, prefiero que decidas tú.

Estas son algunas de las frases que la infancia me ha regalado y que he recogido, como halos de luz, como señales de que algo no funciona, sobretodo gracias a nosotros, los adultos y más concretamente en la escuela. Con ello no quiero descargar toda mi desconformidad con esta institución, más bien sirve para preguntarme qué repercusiones tiene en el niño el hecho de ir a la escuela la gran parte del día. Y ahora que lo escribo, me parece contradictorio, sí, lo es. El lugar donde representa que se fomenta el aprendizaje, la cultura, el saber y el conocimiento, complemento indispensable para ser “alguien el día de mañana”, no produce el efecto deseado, ya que los niños y niñas acaban sintiendo aberración, precisamente, por aquello que la escuela intenta fomentar.

Quizás sea que hay algo que estamos haciendo mal¿no?. Pero esto no tiene que servir para sermonear a la escuela y recordarle todo aquello que no hace bien (que aprovecho para decir que hay unas cuantas!!!(sonrisa irónica)), si no que sirva de reflexión sobre des de donde estamos haciendo Pedagogía. Quiero decir, ¿sienten verdadera pasión por lo que hacen?¿cómo fomentan la pasión por la lectura?¿Cómo se acerca un niño a la literatura en el contexto escolar?¿Es bueno convertir el hecho de leer por ejemplo, en una obligación?

Aunque mi experiencia dentro de la educación no formal, me dice que de eso también los educadores (educadores sociales o cualquier profesional que trabaje con chicos y adolescentes fuera del horario lectivo) sabemos un rato. Estos Centros de ocio y tiempo libre, que abren diariamente para atender a niños y jóvenes, para que aprendan hábitos de vida cotidiana, hagan refuerzo escolar, convivan con otros niños de diferentes edades.., no son más que una continuación, o mejor dicho el brazo articulado de esta institución, con la misión de reproducir los mismos mensajes, los mismos discursos, las mismas normas, los mismos aprendizajes y de establecer la misma relación protectora y atontadora para con ellos, los infantes. Trabajo en uno de ellos, y es cierto que a veces se trabaja con los niños de una forma casi mecánica, reproduciendo de manera inconsciente los mismos mensajes, las mismas metodologías, los mismos discursos de lo normal, lo diferente, lo que está bien y lo que está mal.

Para Foucault, la escuela moderna, y yo incluyo también, muchos centros de educación no formal, son un lugar en que los individuos son posicionados espacialmente y distribuidos temporalmente para controlar sus acciones y para secuenciar y organizar su desarrollo individual. Como si esta individualidad pudiera ser organizada, estructurada y evaluada cada cierto tiempo.

Realmente pienso que estas palabras no eran el resultado de una reflexión, más bien lo tomo como un síntoma, casi inconsciente de lo que que estamos haciendo con ellos. Tengo la sensación de que no eran los niños los que hablaban, no reconocía en esas frases el alma infantil. ¿Dónde está esa curiosidad, ese motor por conocer, ver, tocar, imaginar....adentrarse en ese viaje fantástico que aporta la lectura a cualquier ser humano? Y más en la infancia, donde los límites de la realidad son amplios todavía y donde todo es posible.

Estas frases, verbalizadas en más de una ocasión por chavales de entre diez y doce años, en un principio nos podrían haber pasado desapercibidas, incluso las podríamos entender fácilmente porque se trata de niños, y los niños sólo quieren jugar, pasárselo bien, disfrutar...Pero a mí, estas frases me calaron muy hondo en mis pensamientos, perturbando y cuestionando de alguna manera lo que estábamos haciendo de ellos . Y digo haciendo de ellos, sí, porque en general, tenemos una especie de obsesión por modelarlos, para que dejen de ser esta especie de animalillos salvajes que tanto nos irritan y se adentren, poco a poco, siguiendo el compás establecido por los adultos, en la senda del mundo de los mayores

Esta actitud pretendidamente educadora, que atonta, anula y aniquila cualquier iniciativa, cualquier posibilidad e intento de exploración del mundo es castrada por un muro frío y de hormigón del que no hay salida, por el que hay que pasar como única alternativa al desarrollo infantil, porque ellos no saben, ellos no pueden, ellos nos necesitan. Debemos ponerles en camino. Seres desvalidos, cual animalillos que no pueden escoger, ni decidir, ni pensar, ni hacer...son demasiado pequeños para pensar, para ver el mundo con sus ojos, para acercarse al mundo con sus manos, para decir lo que ven, lo que oyen, lo que son.”Yo no puedo”,”yo no se”....Les hacemos creer realmente en esta incapacidad ficticia, de no ser capaces de vivir su propia vida sin la ayuda de los ojos, la manos, la voz del adulto.

Para mí, estos niños, no son precisamente un cuerpo vacío e inútil, desvalido, que necesita de nuestros recursos ya adquiridos por nuestra experiencia con el mundo (una experiencia a menudo que tampoco es la propia, es también de otro y siempre la misma, la dictada por un poder abstracto que todo lo ve y controla al rebaño para que no se desvía de la senda del camino recto, del camino único. Al otro lado de la senda no hay nada, sólo un precipicio que se abre infinito y profundo....O al menos así creen muchos.

Esta idea se reproduce y se alarga en el tiempo, como una especie de bucle, del que pocos parecen poder salir y que se reproduce generación tras generación reproduciendo los mismos miedos, las mismas limitaciones, dando los mismos pasos, caminando sobre las mismas huellas, las mismas marcas. Camino seguro y asegurado, mullido, plano, marcado, seguro....¿seguro?. O al menos me resisto a creer en ello. Me niego a pensar que este “no puedo” “esto no me gusta” (leer, escribir, dialogar, pensar...)este “no sé”, sea una verdadera posición ante del mundo. Más cuando los oigo, no veo sus caras, veo los rostros de todas y cada una de las personas que les dijeron alguna vez en su corta vida: “lo hago yo que tu no puedes””tú no sabes””eres demasiado pequeño” “cuando crezcas”....Tampoco oigo sus voces, no, no son las suyas, son la de aquel maestro, aquella señorita, aquel padre, o aquella madre que siempre saben lo mejor para ellos, que se repiten cual loros, palabras vacías, huecas, repetidas hasta la saciedad, que luego repiten cual robots, completamente artificiales, sin mensaje alguno, sin sentimiento, sin pasión. Intento acercar mi oreja a sus labios, para escuchar si todavía puedo sentir sus verdaderas voces, enterradas bajo montañas de palabras vacías como losas que esconden, tapan la voz de todos esos niños... Escucho, quizás para que me susurren palabras de auxilio, para tener la certeza que esas palabras que escucho a diario,son sólo un espejismo, una tapadera de lo que son ellos realmente.

Hay una viñeta del escritor y pedagogo Francesco Tonucci, que refleja en parte lo que estoy diciendo. Un niño, a lo largo de su infancia, recibe mensajes en la escuela, de diferentes profesores que les dicen: “esto se hace así””esto hazlo así””esto deberías hacerlo así”...y cuando llega a los diez años, un maestro le dice: “elige tú”. La cara del niño, describe un pavor indescriptible.”¿elegir?¿qué es elegir?. En este momento, el niño es expulsado de ese camino recto, mullido y cómodo como una cuna, y es lanzado con violencia hacia los márgenes del camino, sin nada en los bolsillos, desamparado, sin ninguna mano, sin ninguna voz que le diga “por aquí” con sus pies apuntando al precipicio.

Des de esta posición incierta, lo único que nos queda es asumir entonces un nuevo rol, el rol de deseducador, que nos aleje del rol de educador, profesor o maestro al que estamos acostumbrados y que nos abra nuevas perspectivas, nuevas maneras de hacer, alejadas de lo propone a escolarización, abriéndose al espacio público, a la calle, a la vida, al niño mismo, des de lo que de niño tiene todavía Experimentemos qué nos pueden ofrecer estos nuevos espacios que nos han sido arrebatados, pero que sin duda aún nos pertenecen y gocemos de ello con ellos, nuestros niños.

Pienso en un lugar como punto de partida, un espacio donde todavía el adulto no ha podido invadir el espacio propio del infante, y espero, escucho a ver si oigo cómo hablan los niños, cual es su verdadero lenguaje, imprevisible, auténtico, veraz, sin reproducciones insaciables y vacías sobre lo mismo. Por muchas vueltas que de, siempre vuelvo al mismo punto: El Juego. Todavía no he sido capaz de observar ninguna otra situación donde la verdadera alma infantil, la verdadera pasión, la verdadera construcción de otros mundos posibles, se haga más presente que en el hecho de jugar. Aquí es donde el estado es más puro, menos controlado, donde la experiencia es pasión, donde no son meros receptores del mundo y de su experiencia pasiva, dada, experimentadas previamente por otros. Creo que para ellos, el juego es su lenguaje de la experiencia.

En el juego infantil rompen los límites, los muros de hormigón levantados sobre los márgenes del camino, se exponen a otra realidad, más abierta, menos restrictiva, se inventan historias, son incluso más libres, más lúcidos...menos robots, menos desvalidos, menos asustados, menos confusos... sí, en el juego, oigo sus voces a distancia, son suyas, sin lugar a dudas.

Y los observo maravillada mientras juegan, mientras saltan, mientras inventan, mientras se acercan, a este mundo, con la inocencia, la curiosidad y la pasión que no encuentro en el que los adultos denominan mundo real. Ellos, a través del juego, no hacen otra cosa que caminar, por unos instantes, por un desvío que se separa del gran camino mullido y caminado ya tantas veces, con la seguridad de alguien muy experimentado, como exploradores de espacios nuevos, con decisión, sin miedo a equivocarse, porque todos los caminos son válidos, todos están disponibles, todos son posibilidades porque no hay bien ni mal, no hay nada preestablecido, todo es flexible, todo es posible.

Pero no nos engañemos, el adulto, con sus tentáculos que llegan a todas partes, también acaban apropiándose de estos espacios. Lo veo cuando el niño se aburre, cuando ya no quiere jugar, ya no encuentra satisfacción en los caminos alternativos, quiere volver al gran camino caminado, mullido, fácil...”jugar es de niños, yo ya soy mayor....”. Y hacerse mayor quiere decir precisamente eso, incapaz de divisar que el precipicio, al borde del camino, existe, que no es sólo una ilusión y que, aunque crezca y se haga mayor, no debe dejar de jugar, de salir “fuera de”.Y e que, precisamente, estos tesoros guardados y escondidos que son esos caminos, se borran, desaparecen con el tiempo, y la memoria, ya no los recuerda, ya solo ve camino, con su precipicio profundo, negro y frío, sin nada en los márgenes.

Por eso, ellos son sin duda, mi piedra de toque, mis lanzadores de mensajes ocultos, que observo con los ojos bien abiertos. Gracias a ellos, he encontrado esos caminos ocultos, como realidades paralelas, que diviso todavía a lo lejos, pero perfilándose cada día más claros, cada día menos polvorientos. Pongo mi pie en el margen, y observo, que aunque estire mi pierna y sobrepase ese gran camino, todavía noto tierra firme bajo mis pies, no existe precipicio alguno que me lleve hacia la nada. Me dispongo pues a explorar esas sendas infinitas, con la curiosidad infantil de no saber a donde voy, a donde me llevan, pero con la certeza y la emoción, cada vez más lúcida, de que cuanto más me desvío, más segura estoy de que hay otros caminos.

Como en el ensayo sobre El precio de la investigación pedagógica de Simons y Masschelein, y en palabras de Foucault, la curiosidad empleada en la realidad educativa, no tiene que ver con el conocimiento, si no con el cuidado de sí y con la atención. Es ese estar con los ojos abiertos a lo que pasa en el mundo. Es una mirada agudizada y concentrada en la realidad, en lo que ocurre (hoy) en el presente, y se trata también de una disponibilidad a no dar por sentado quienes somos y qué hacemos (...). Es una forma de pensar dispuesta a exponerse a un saber desconocido.

Eso es lo que estoy aprendiendo, a no tener miedo de ver, conocer, experimentar, otros caminos, otras vías, nuevas salidas, nuevas maneras de ver el mundo, de entenderlo, de posicionarme ante él, de recibirlo, de acariciarlo, de destaparlo, de sentirlo, de imaginarlo...y todo ello, gracias en gran parte a lo que experimento en mi día a día con esos seres maravillosos que me ayudan a ver qué hay más allá de esta realidad impuesta, falsa, hipócrita que empobrece nuestros corazones. Ellos han sido mi piedra de toque, sin saberlo, sin premeditarlo, sin tener la mínima intención de enseñarme nada, de explicarme nada.

Ahora camino por estas nuevas sendas, acompañada de mi alma infantil, que siempre está ahí, mejor dicho, que nunca se fue, pero que también permanecía escondida, enterrada bajo el mismo hormigón, las mismas paredes frías y grises de este camino ya caminado, ensuciándome a mí también, la lengua, aunque no lo quiera. ¿Nos vemos en otros caminos?

"Tros a Tros"



Magritte.






Schiele
Sentada , sola i damunt el llit tou i mig desfet pel moviment d’aquella mateixa nit. Era mullat, una barreja de fluids típics de l’excitació i de llàgrimes vives i violentes que, feia ja una estona sortíen dels ulls de l’Elia. Estava completament nua, despentinada, amb els peus tocant a terra i les ungles pintades d’un vermell passió. Va obrir el calaix de la tauleta de nit, va agafar un Kleenex i es va mocar amb la dedicació amb el que feia totes les coses, però va desistir ràpidament en veure que no li quedaven forces, estaba completament buida.

Va aixecar-se del llit en un intent d’anar al labavo, sortejant tots els obstacles que encara restaven al terre de l’habitació, conseqüència de la nit anterior. En arribar, va encendre el llum i després d’escoltar el “click” de la bombeta, va aixecar el cap amb la certesa que res tornaria a ser igual. Certament, quan els seus ulls verds i enormes es trobaren amb el corresponent reflexe, descendiren i no en trobaren cap reste de pell. En el seu lloc hi trobà la transparència més inòqua barrejada amb la viscositat i la fredor que comporten les vísceres (ronyons, pancrees, intestins i cor) tota ella semblant a un cadàver, d’allò més vulgar, diseccionat i obert en canal. Ara l’Elia era tot cos, tot matèria, freda i llefiscosa, però de colors llampants, com un arc de Sant Martí.

Delvaux
 
Aquella nit, després de tantes emocions, va arribar a la conclusió que la pèrdua de la seva pell jove, blanca i formosa, havia estat fruit de les continues i infinites llambregades que havia tingut al llarg de la seva curta, peró dil·latada, carrera com a dona. Totes aquestes experiències havien fet que l’Elia hagués perdut, a causa d’una muda o d’una malaltia contagiosa, degudes al fregament constant, els seus teixits epitelials, tros a tros. En veure tot aquell quadre, entre tràgic i burlesc, l’Elia va esclatar en plors, i va plorar i plorar fins que tota ella fos aigua.

A l’endemà un soroll, probablement la dutxa de la veïna, va despertar-la ; seguia dreta encara i amb el mateix posat que la nit anterior. L’Elia va deixar anar un llarg sospir  que no la va  deixar més liviana. Girà el pom de la porta i es dirigí cap a la seva habitació tot deixant un rastre sanguinolent al terre i les parets. Va aseure`s al llit amb la intenció d’encendre’s un cigarret i reflexionar sobre tot el que li estava passant. Però tot just va donar la primera pipada , va veure com el fum s’escolava per les seves costelles, insípid, i sense disfressar la seva angoixosa ansietat. Acte seguit, el dirigí amb violència esclafant-lo al cendrer platejat del costat.

L’Elia, amb el seu posat de tràgica monstruositat, sabia que mai més tornaria a gaudir, ja que, juntament amb la seva pell blanca, suau, jove i formosa, havia perdut també la capacitat d’estimar, de sentir i de tot allò que es troba en la part de l’ànima on resten les emocions. I ara, en el seu lloc ,quedaven tots aquells sentiments que el sexe masculí habia deixat en ella en cada una de les seves trobades (egoísme, odi, soledat, recança...). Ella havia perdut, en cada petó, en cada abraçada, en cada carícia, mai corresposta, la seva vida, mica en mica, fil a fil...

L’Elia, feta cadàver, restava buida i al·lienada damunt el llit, on cos i roba es fusionaven formant tot un conjunt alterat per la negror dels seus cabells arrinxolats, única cosa que la lligava al món dels vius.
La tristesa l’envaïa per moments al saber que mai més tornaria a recuperar allò que li pertanyia i que li havia estat arrebatat per la força, fent que la seva integritat com a persona es reduís a quatre òrgans.

Anà cap a la cuina amb el cap una mica enterbolit per la incerta recerca d’una resposta i amb la intenció de beure’s un cafè. L’olor que s’escolava per tota la cuina va despertar-la una mica però, la magnificència d’aquell dia que, es presentava davant els  seus ulls, una barreja d’olors, colors i sorolls.típics de la primavera, la van deixar totalment indiferent. Va agafar una tassa on hi va abocar tot el cafè que la vella cafetera duia al seu interior, amb molt de compte per tal de no cremar-se els seus dits que lluïen en carn viva.

Mentre s’adreçava el cafè als llavis, el seu cervell, portat per la necessitat de recuperar la identitat de la seva posseidora, va començar a elaborar un plà perfilant i donant forma al garbuix d’idees que s’agolpaven espitoses i excitades per l’emoció de formar part en la creació d’una idea que brillava per la seva genialitat. Per tal de recuperar la seva ànima i la seva pell, hauria de retrobarse amb tots i cada un dels homes als que havia donat tota la seva essència. D’aquesta manera ella podria tornar a cada home la seva ració de soledat, tristesa, odi, egoísme...que ara es trobaven acomodats en la boca del  seu cor palpitant i enfosquit.

Amb la mà tremolosa però el cap ennubolat per la fredor dels pensaments, va agafar la seva agenda telefònica i va començar a pitjar el primer  número, el primer telèfon, la primera víctima...Una cita, una frase, una carícia, un petó, crits de silenci entre la foscor més freda...

Seqüència de dies on la fusió dels cossos donà lloc a l’intercanvi inconscient de sensacions entre ombres mig plenes i d’altres cada cop més buides....La llum i la llibertat es troben a l’altre banda del crit.

El sol entrava en la cambra per la finestra i els primers ratjos de sol pefilaven suaument els dos cossos que restaven extenuats i entrelligats entre els llençols completament molls. Entre tanta felicitat l’Elia no va poder evitar obrir els ulls i sentir-se lliure, lliure com l’escuma sobre l’espesor del mar, lliure com els pensaments d’un infant, o com el mateix terme, quan encara no ha estat pres per la paraula o la ploma.

Podia sentir l’olor de la roba neta dels balcons, l’olor de cafè de les cuines veïnes, i de les flors entestades, multitud d’olors que s’escolaven per la finestra ; fins i tot, podia sentir l’olor suau i lleugerament perfumada de la seva  blanca, jove i formosa pell. Va aixecar-se i es dirigí cap a la finestra, obrint les portes de bat a bat, oferint la seva nuesa al nou dia, i gaudint de tot allò que l’envoltava, de totes les petites coses que ara ja no la deixaven en la més trista indiferència, sinó que l’omplien i la feien sentir plena de joia.

Entre tant èxtasi, l’Elia va deixar anar un llarg sospir, que el vent, ràpidament va fer seu i en una forta revolada, en una mostra d’autèntica complicitat, se’l va emportar ben lluny. L’Elia, tancà els ulls i sentí l’aire acariciant cada recó de la seva pell, i la seva ànima, fent-li pessigolles, que li pujaven fins la gola convertides en sonores rialles.

Ara, cos i ànima estaven en completa harmonia, i per fí, la seva pell, havia estat tornada tros a tros, en cada una de les seves trobades, donant a canvi un bocinet d’egoïsme, fet petó, un alè de soledat, feta carícia o una revolada d’odi feta abraçada. Per altra banda, en la boca del seu cor restava acomodada la seva ànima, completament sencera, somnolenta, però feliç de tornar a ser una unitat, de tornar a l’origen.
Schiele
Ara, el sentiment de plenitud era realment palpable i la sensació de ser un grapat de vísceres viscoses i sanguinolentes havia deixat pas a la vertadera integritat. De sobte, un calfred va recòrrer-li el cos, en sentir els braços d’ell, lligant-se al seu pit i el sexe, palpitant, al seu darrere, i per primera vegada en molt de temps, va sentir el desig fervent de tornar a estimar.



"El dolç regust de les fruites prohibides"

Creiem que la vida se’ns presentarà calma fins que un fet ens desmonta el nostre frágil castell de sorra. Aquest fet que va trontollar els ciments de la meva existència va ocorre ara fa deu anys, llavors, jo en tenia vint, deu o dotze menys que l’Èlia. Ella es va creuar en el meu camí essent jo una jove amb masses experiències a les meves esquenes.


Desde que vaig fer dotze anys, les intencions de les dones de la meva família, àvies, mare i germanes, van ser fer-me mantenir intacte i pura fins que trobés el meu home, aquell príncep blau a qui havia de regalar el meu tresor, la meva virginitat. Però ni les converses a peu de llit, ni els comentaris entre àpats, ni les batalletes de les matriarques sobre com van conèixer el seu home al ball en les festes majors, ni les recomanacions al llindà de la porta, cada cop que fugia esforagitada amb ganes de menjar-me el món, van servir de res.

Aquell diable amb òrgans deshorbitats que em podien portar directament a l’infern, va ser massa encisador per a una curiosa com jo.

Tenia només tretze anys quan em vaig llençar sobre el primer mosso que va deixar entreveure les seves intencions poc decoroses. El meu foc cremava massa per poder esperar l’arribada d’aquell caballer de color tan cursi per a poder èsser tant bo com deien. Desde llavors, ja no vaig creure res del que em deia la meva família i vaig optar, durant set anys de la meva vida, per probar, menjar, llepar i rossegar totes les fruites prohibides que anava trobant en el meu camí.

Va arribar un dia, però, en que, aquella fruita que, fins llavors devorava amb ansies, va deixar de saciar-me, i va ser d’ençà que vaig conèixer aquella dona. Va ser ella qui, definitivament, em va ensenyar que aquell princep no s’hauria d’haver molestat ni de sortir del seu castell.

L’Èlia era una dona encara jove, que enlluernava per la seva maduressa i seguretat. Era del tipus de persones que són capaces de dominar tot allò que els envolta sense alterar la seva serenor innata. Potser va ser això el que em va frapar d’ella desde el primer moment que les nostres mirades es van creuar per primera vegada una tarda d’estiu, vora el mar, sota un sol decaient.

El seu cos nu, blanc encara per una estació quasi per encetar, em va cridar l’atenció desde el moment en que vaig desar la tovallola darrera seu. Un cabell llis i fosc acariciava la seva esquena, tot pentinant la seva cintura.

Mentres l’observava capficada en la sensació d’acariciar aquella pell que semblava com de vellut, ella va girar-se tot fixant la seva mirada en els meus ulls, que ascendiren fins trobar-se amb els seus. Ens vam quedar observant-nos fixament durant uns instants, que per mi fóren eterns; com si de cop el temps s’aturés, donant l’opció de guardar aquell instant en la memòria de l’univers. De sobte, aquell silenci màgic, va deixar pas a un breu “hola”, que em portà de cap a la realitat. Vaig tornar-li la salutació.

Em sentia torbada pel fet de que s’haguès adonat que l’observava amb tanta insistència, però mentres mantenia aquest debat interior, vaig sentir la remor de la seva veu convidant-me a seure al seu costat. Assentí ràpidament i amb un lleuger nerviosisme, vaig agafar els meus bàrtuls, fins a descansar al costat del seus peus blancs d’ungles sagnants.

Aquella va ser la meva primera trobada amb l’Elia i que recordo com si fos ahir: l’olor a mar i crema solar enganxifant l’ambient, el sol de justícia que soportàvem entre capbussades i jocs d’aigua, i el seu somriure descansant entre les onades.

Després d’aquell dia, les nostres trobades van ser diàries, a la mateixa hora i lloc de sempre, un pacte de conveniència que va trencar-se en el moment en que em proposà sortir una nit a un local del que feia temps que em parlava, un local de salsa vora el mar, abans, però, havia d’acceptar també una invitació per sopar a casa seva.

Puntual com de costum, vaig aturar la bici davant una entrada rosada per les violetes. Mentres l’aparcava, vaig caure en que no havia portat res com a convidada.


Sense pensar-ho massa, vaig apropar-me a unes jardineres florides de les que vaig agafar unes quantes margarides i vaig picar a la seva porta amb el millor dels meus somriures. Ràpidament la porta s’obrí, i per primera vegada, vaig observar el seu cos completament vestit. Em va fer passar al menjador i, mentres m’acomodava en una cadira de bímet, ella aprofità per anar a buscar a la cuina uns “mojitos” que acabava de preparar. Un cop tornà amb les begudes a la mà, vaig disculpar-me pel fet de ser tant péssima convidada i de no haver portat almenys, una ampolla de vi. Ella mirà el meu ram de margarides, que encara duia a les mans i que, ara descansava a la meva falda, i va riure amb ganes del meu oblit, comentant alhora, lo bé que quedarien aquelles flors en un gerro amb aigua.

La taula era parada, una combinació de tonalitats verdes decoraven l’espai: amanides, verdures, fruites…. Tot plegat molt vistós, però que entrava amb contradicció amb el vermell de la carn, que jo ansiava tant, com a fervent carnívora que era.

Rere les postres, l’Èlia encenguè una cigarreta, i entre flaires de fum de vainilla i incens, em proposà anar a ballar uns “merengues”.Quan ara penso en nosaltres, crec que el ball va ser el detonant d’aquella conexió quasi màgica.

El local que tantes vegades m’anomenà en les nostres converses a la platja, em va sorprendre de sobremanera nomès obrir la porta. A primer cop d’ull, tot semblava normal, però quan els meus ulls es van acostumar a la foscor, vaig entendre que l’Èlia m’havia portat a un local homosexual, més concretament de lesbianes. No és que tinguès res en contra d’elles, però en aquella època, em costava entendre el fet que a una dona li poguès agradar una altre, si per començar ja li faltava una part de la fisonomia masculina, que tantes satisfaccions m’havia donat tots aquest anys. Però mentres em feia aquestes preguntes esturada a la porta, no era conscient que jo ja feia un temps, m’estava endinsant en un món que encara que desconegut, m’obriria les portes d’una sexualitat completament nova i excitant.

El local, amb llum tènue, gràcies a la infinitat d’espelmes que decoraven l’ambient, era de petites dimensions. Multitud d’ombres en actitud carinyosa, ballaven sensualment a ritme de música caribenya. Mentres observava aquell espectacle nou pels meus ulls, l’Èlia s’apropà amb un altre “mojito”, i a cau d’orella, em preguntà si em sentia còmode davant d’aquella gentada femenina en actitud si més no, una mica provocativa. Tot i la meva primera sensació un xic torbadora, vaig assentir dèbilment amb el cap, sense saber molt bé que respondre. Ella acaricià suaument la meva galta amb els seus dits llarguíssims i m’agafà la mà per portar-me al mig de la pista. Amb un ample somriure, em fità fixament i amb ulls brillants d’emoció, va cercar la meva cintura per començar a ballar.

Els nostres cossos es movien amb soltura i jo, em sentia flotar com un núvol enmig d’un cel calmat. Tot es tornà màgic aquella nit, on nomès recordo aquells ulls verds que brillaven en la penombra com dos fars que semblaven mostrar-me el camí.

Un lleu martilleig em colpejà el cervell al dia següent, i un fort regust a ron i menta, em tornà gola amunt. Aixó em va portar records dolços de la nit passada, i entre sons cubans, i records de “bachatas”, vaig tornar a caure en un somni profund. Un parell d’hores més tard, el telèfon va tornar a pertorbar aquells somnis amb regust ara ja més àcid, com de fruita prohibida. Era ella, volia….. veure’m. Aquest cop, vaig convidar-la jo a dinar. Però no va venir a la cita. Amb la taula parada i l’àpat fred, encara intacte, vaig decidir anar a fer un vol, necessitava aire fresc, volia pensar. Vaig encetar el passeig tot dirigint-me cap a la Barceloneta i vaig acabar la meva passejada on sempre, a la platja.

Els peus semi enfonsats a la sorra, l’aire tebi lleugerament salat i la remor de les aigües tranquil.les acariciant les puntes dels meus dits, m’ajudaren a reflexionar sobre el que m’estava passant. Sabia perfectament perquè l’Elia no havia vingut a la cita d’aquell dia, m’havia deixat l’elecció a mí, el pes de decidir el romb de les nostres vides. Amb la mirada perduda en l’horitzó, vaig decidir anar a cercar-la.

Vaig trucar a la seva porta, i em va obrir uns segons després. Sense dir cap paraula, vaig entrar, acariciant les violetes al meu pas. Els nostres ulls es trobaren i ens vam mirar una llarga estona, com cercant en els ulls de l’altre, la resposta que veniem buscant. Ella deixà entreveure un esboç de somriure que, ràpidament, vaig trencar amb el meu dit índex. Em tornà a fità i amb la respiració un xic més accelerada, va entreobrir lleugerament els seus llavis de maduixa, amb el posat de reproduir quelcom. Abans de que un fil de veu poguès sortir dels seus llavis, vaig atansar-me per poder assaborir la dolçor d’aquella fruita envermellida. Va ser un petó curt, sonor i tancat, fet amb llavis de pinyol. Tot seguit, arrepenjà el seu palmell de dits llarguíssims sobre el meu pit i em mirà per trobar-se amb el meu consentiment. Vaig regalar-li un somriure de complicitat per a que poguès continuar amb la certesa de que desitjava rebre ferventment allò que ella estava apunt d’oferir-me. Ella desplaçà la seva mà suament fins a trobar-se amb els botons de la meva brusa, que descordà un per un, amb pausa, com si tinguès por que darrera de cada botó, s’esfumés el somni. Els meus pits, petits i rodons emergiren tot abocant-se pel precipici del meu escot i, allà, precipitats al buit, ella els acaronà amb tanta delicadesa i suavitat com si fòssin de cristall. S’ajupí lentament, i olorà aquelles cireres enrojides que s’oferien tremoloses. Les mossegà àvidament, com fruita madura acabada de collir, com si volguès treure tot el suc que poguèssin amagar aquelles perles. Mentres ella es perdia entre la dolçor dels meus pits, jo acariciava aquella cabellera llarga i fosca, relliscant els dits fins els límits de la seva samarreta. Vaig voler desfer-me d’ella amb suavitat, tot deixant al descobert aquelles sines que se m’oferien en tota la seva esplendor, com les flors amb l’arribada de la primavera. Les vaig acaricià amb tendresa, per a més tard, perdre’m entre les seves amples caderes. La seva respiració s’accelerà quan vaig acaricià fugaçment amb la meva mà les seves natjes fermes i rodones que es tensaven amb l’excitació. Seguidament, l’Èlia va començar a rodolar les seves mans per la meva faldilla, fins a trobar aquell tresor amagat rere les meves calces, que va fer relliscar genolls avall, fins a deixar-lo completament al descobert. Em desposà de la meva faldilla, i jo vaig fer el mateix amb ella.

Vam desplaçar-nos al sofà blanc de la saleta, i allà ens vam desfer entre carícies, petons, abraçades i gemecs fins que la llum del dia ens acaronà en un somni ple de fruites i a ritme de samba.

Un llarg silenci s’apoderà per fi d’aquella casa, com una música celestial, fins que un murmull de l’Èlia va trencar aquell concert diví. Amb ulls cansats per la manca de son, em va xiuxiueixar a l’oïda si m’havia agradat la meva primera experiència amb una dona, i regalant-li una carícia, vaig assentir.

A aquell dia li van succeir d’altres, a cada qual més màgic i sorprenent, que es van anar perllongant durant tot l’estiu, fins que la tardor va deixar pas a dies curts i nits més llargues i fredes.

Amb els messos, l’Èlia va desaparèixer de la meva vida de la mateixa manera en que va entrar, de sobte, sense avisar. Però jo ja havia tingut temps suficient per aprendre que, els prínceps blaus o les princeses li.les com les violetes del seu jardí, existeixen nomès per un instant, però sempre acaben marxant a lloms del seu cavall cap a terres encara sense explorar.

domingo, 21 de noviembre de 2010

El porqué de este cuaderno.

El Cuaderno de Èlia, es un intento de recoger instantes fugaces que pueblan los laberintos de un mundo particular que tiene la necesidad de expandirse más allá del Pensamiento íntimo y personal. Las ideas necesitan alzar el vuelo y sembrar los huecos estériles que todavía restan vírgenes. Son pensamientos errantes, desordenados, incluso inconscientes, que pugnan por salir; gritos de autodeterminación, de reubicación, de huída.hacia adelante, con sus consecuentes retrocesos...Un camino hacia el autoconocimiento y el reconocimiento de ese mundo que a menudo se nos presenta incomprensible...Una búsqueda de mi Yo en el mundo, en relación conmigo y en un contexto de relación con los acontecimientos y el Otro. Un viaje simbólico y literal hacia lo desconocido y lo reconocido, que busca ser comprendido o transformado más allá de lo que alcanzan a ver nuestros ojos. De ahí la metafora del ojo, como observador del mundo interior y exterior, un ojo que siempre resta escondido tras cualquier escena, observando lo que acontece: Un ojo que se asombra, que mira, que se inquieta, que critica, que se maravilla, que escrutina, que busca dobles lecturas, un ojo que a veces se vuelve miope o que incluso se cierra para dirigir la mirada hacia adentro.